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lunes, 14 de diciembre de 2009

Salvados por Salvados.


Ayer, el programa Salvados (La Sexta) emitió una estupenda entrevista al ex-Ministro de Interior José Barrionuevo. Jordi Évole supo preguntar y con las respuestas sinceras, a medias o silencios del político retirado, pudimos hacernos una composición de personas y sucesos de aquellos años en los que ostentaba el poder y que acabaron con sus huesos en la cárcel. Todo claro, siempre desde su propio prisma.

Lo preocupante de todo esto, es que sea precisamente un programa de humor el que emita las entrevistas más sugerentes e interesantes de la televisión. Da buena cuenta de lo infravalorado que está el género en la pequeña pantalla.

martes, 29 de septiembre de 2009

Concha García Campoy y el amarillismo.

Podría traer a colación aquello de que uno es esclavo de sus palabras. O podría ironizar sobre si Concha García Campoy es daltónica. Pero de lo que no hay ninguna duda es que su programa matinal, en Cuatro, es tan rastrero, morboso y pordiosero como el de las otras cadenas.

Hace un año declaraba a El País que su programa nunca había caído en los vicios del amarillismo. Seguramente sigue pensando igual. Y ese patético reportaje que han emitido hoy sobre un edificio dónde se ejerce la prostitución; en el que se le preguntaba a los clientes lo que habían ido a hacer y la frecuencia; en el que azuzaban a los vecinos a pesar de que estos no se quejaran de molestia alguna; y en el que se frivolizaba con las prostitutas, ella lo entenderá como periodismo de investigación. Y así nos va.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Estreno de Swingtown.

El canal de tdt Factoría de Ficción estrena, esta noche a las 23'00h, la deliciosa Swingtown. Una serie que una vez concluida su primera temporada (y con todas las tramas abiertas) fue cancelada, pero que aún así recomiendo fervorosamente.

Como ya escribí aquí en su día, el piloto no está a la altura del resto de entregas. Pero eso no debe ser razón para que no os sentéis con vuestra cena fría, delante del televisor, dispuestos a viajar a los fantásticos años setenta estadounidenses.

martes, 10 de febrero de 2009

Born to be wild.

Que las series de televisión están de moda es algo irrefutable. Hasta el Rockdelux, de este mes, da rango de tema principal, en su portada, al artículo que incluye sobre Mad Men. No hay, además, semana, que alguna cadena estatal no anuncie que se ha hecho con los servicios de alguna ficción o que esté preparando alguna producción propia. Ayer, sin ir más lejos, Cuatro informó de la compra de, entre otras, Son of anarchy.

Son of anarchy no es una serie amable. Tiene esa querencia por los diálogos atropellados y la violencia exagerada de Quentin Tarantino; el mito de la libertad y el halo machista de películas como Easy Rider o Los Ángeles del Infierno; y la defensa de la familia como un ente grupal al que no se debe traicionar bajo ningún concepto de Los Soprano o Los Hermanos Donnelly. Una serie en la que los malos son malos y los buenos, en el fondo, también.

Son of anarchy consigue algo que aún espero de una serie española. Y es que el espectador empatice con un auténtico hijo de puta. No significa eso que defienda sus acciones o que admita ciertos comportamientos, sino que gracias a un estupendo guión, se ve envuelto en una trama en la que debe tomar partido y lo acaba haciendo a favor de alguien que no está precisamente limpio. En Son of anarchy no se juzga a sus personajes. Y si alguien hace turismo sexual en Tailandia queda reflejado en una línea de diálogo, sin buscar una moralina por un lado ni que haga de eso el perfil del personaje. Sin ni siquiera alardear de estar haciendo algo, supuestamente, irreverente.

Charlie Hunnam (visto antes en la repetitiva Queer as folk) da vida a Jax, uno de los pocos personajes que parece mantener ciertas normas éticas en su comportamiento, pero que se verá arrastrado por los acontecimientos. Jax es hijo de uno de los fundadores de los Son of anarchy e intenta averiguar si el nacimiento del grupo tuvo otros intereses distintos a los que ahora les hace traficar con armas, asesinar a bandas rivales y sacar dinero de cualquier actividad ilegal que se les ponga por delante. El club (como así lo llaman) está dirigido ahora por el mejor amigo de su padre, un tipo sin escrúpulos que responde al nombre de Clay, y al que da vida ese sosías de Lee Marvin, que es Ron Pearlman, cuyo rostro camaleónico se ha podido ver en varias producciones como las dos partes de Hellboy. La madre de Jax y actual pareja de Clay, Gemma, brillantemente interpretada por una férrea Katey Sagal (con un amplio curriculum televisivo) intentará que su hijo no interfiera en la carrera actual de los moteros.

Policías corruptos, palizas sin motivos, chantajes a cambio de sexo, reconstrucciones de crímenes, intentos de asesinatos, bebés drogados y algún destello de humor, son algunas pinceladas que se pueden ir encontrando en esta serie en la que nada parece imposible, porque casi todo tiene un precio. O una amenaza.

lunes, 9 de febrero de 2009

Diez años sin Tip.

Ayer hizo diez años que Luis Sánchez Polack, "Tip", nos dejó para siempre. Resulta curioso que haya gente que se sepa, de memoria, la filmografía y vida y obra de cualquier mequetrefe de la comedia basura de los 70 americana y desconozcan por completo a este gran cómico. Es lo que tenemos los españoles. Y es el peso con el que tuvieron que cargar los comediantes de este país por culpa de la dictadura. La censura de aquellos terribles años mutiló la carrera de muchos artistas, cuyas aptitudes se pueden rastrear en numerosos producto alimenticios de la época. Mala suerte la del cine (y la cultura española). Muerto Franco, desde la izquierda se repudiaba casi cualquier manifestación audiovisual que tuviera que ver con aquellos años grises. Hoy en día, los agravios les vienen de la derecha. Pero allá cada cual con lo que se pierde.

Tip fue un genio. Un genio del absurdo, del surrealismo, del humor de carcajada. Un malabarista del lenguaje. Si él, no hubieran existido Martes y Trece, Faemino y Cansado y ni siquiera los Muchachada Nui.

Primero formó pareja con Pototo y Boliche en un show radiofónico dirigido a los niños. A finales de los 40, conoció a Joaquín Portillo y con él formó Tip y Top, realizando seis programas semanales en Radio Madrid, con títulos tan sugerentes como La vida zaragatera o Fustigaciones anhídricas.



Pero sería en 1967, cuando formó pareja artística con José Luis Coll, como Tip y Coll, cuando conoció la fama. Programas de televisión (uno de ellos censurado por la acomplejada dirección socialista), shows en la sala Top-Less, teatro, radio y más de una quincena de películas, en las que en la mayoría de los casos su presencia era lo único rescatable.







viernes, 6 de febrero de 2009

Reír es sano.



Una de las cosas que más me gustan en esta vida es reír. Y sobre todo, que me hagan reír. Por eso, adoro The it crowd, Cheers, Mi nombre es Earl, a Tip y Coll, Extras, The Office, a Eugenio, Alf, Los Roper, Un hombre en casa, a Faemino y Cansado, Muchachada Nui, Enredo o Búscate la vida. Además soy de los que defiendo que es más difícil hacer comedia que cualquier otra cosa.

Por eso me senté, anoche, a ver la versión española de Saturday Night Live con la esperanza de pasar un estupendo momento. Aún lo sigo esperando. Si dejamos a un lado su prometedor inicio en el ascensor, parte del gag de la mujer que cambia de cara y a la gran Yolanda Ramos haciendo de espía, el resto fue una cadena de "quiero ser gracioso, pero no me sale". No entendí esa querencia por el humor con referentes sexuales. La única explicación posible es que formara con Porky's (película que emitieron a continuación) una programación especial. Si los guionistas creen que por oír a Antonio Resines mencionar la palabra "pene" me voy a reír, mal vamos. Si piensan que eso es atrevido, peor aún. Tampoco entendí esa necesidad de acumular invitados. ¿Qué pintaban allí Núria Roca y Fran Perea? La primera fue a que le chuparan la cara en un sketch tan desagradable como estirado (aunque en esto segundo, el récord se lo llevó lo del concurso japonés de Pepe Viyuela) y el otro a repetir que Resines es su padre. La comedia no es cuestión de cantidad, sino de calidad. Y también de originalidad. Para adaptar sketches del original, siempre estará aquel.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Entrevista: Lolo Rico.

Lo más cómodo de hablar de Lolo Rico es que no hay que presentarla. Todo el mundo sabe quién es y a qué dedicó su tiempo libre. Ahora, además, es posible conocerla más a fondo. Plaza & Janés ha editado ¿Cómo es posible que el tiempo pase tan deprisa y yo no me de cuenta?, unas memorias, sinceras y duras, en las que la creadora de La bola de cristal (glubs, lo dije) relata cómo sufrió los años grises de la postguerra; un matrimonio infernal; su discriminación (laboral y social) por ser mujer; traiciones y puñaladas; y, también, como apuró cada momento de felicidad que le tocó vivir.

Unas memorias, francamente, duras.
También hay momentos en los que hay humor, pero es cierto, es un libro duro. Es verdad que la imagen que doy de mí, a través de las memorias es más seria, diferente de aquella mujer que salía con un patito por la tele, con su pelo de tres colores, y en aquel momento en que todo era muy lúdico.

Sin embargo, a pesar de esa dureza, hay detalles que reivindican tus ganas de salir siempre hacia adelante, como una frase de una carta que te envía Ernesto Sábato, "Tendrán que llevarme a la muerte con el auxilio de la fuerza pública", que tú la conviertes en tu filosofía de vida.
Siempre he sido muy luchadora. No sé si eso es una virtud, pero sí es una ventaja, porque te enfrentas a las cosas con más valentía, pensando que puedes con todo y que todo saldrá bien.

No sé si por querer dar una visión global de tu vida, prescindes de cualquier referencia temporal. Nunca mencionas fechas, años, ... ¿Fue intencionado?
Sí. Yo no quería hacer una historia cronológica que pudiera cansar al lector o a mi misma al escribir. Lo que pretendía es que aquellos años tan importantes de mi vida aparecieran retratados a través de los momentos que yo seleccionara.

¿Cómo surge la idea de escribir estas memorias?

En el 2004, el editor me sugirió que podía escribir unas memorias. Yo había conocido a mucha gente y podían resultar muy interesantes. Así que tomé la decisión de hacerlas. Firmé un contrato por el que me comprometía a entregarlas en el 2005, pero nunca encontraba el momento de ponerme a escribirlas. Fueron unos años muy malos en mi vida. Pasado el tiempo, me vine a vivir a San Sebastián, donde el ritmo de vida es más tranquilo que en Madrid y ví que era el momento ideal para retomar el proyecto.

¿Seguiste algún método de trabajo?

Empecé a trabajarlas en mente. Sin ponerme esquemas. Tomaba algunas notas. Lo pasé muy mal porque todo revivía, y no sabía si iba a tener fuerzas para escribirlas. Finalmente las dicté. Y la única metodología que utilicé fue reflejar todos aquellos hechos que a mí me parecían esenciales y sin los cuales no se iba a entender mi vida, mi historia.

¿Supuso una liberación escribirlas?

Totalmente. Me alivió mucho. Creo que fue como una terapia para mí. Cuando las terminé y llegó el momento de publicarlas, me horrorizaba pensar que estarían expuestas en el escaparate de una librería o en unas manos ajenas. No me apetecía que las leyera nadie. Y ahí me tuvieron que forzar la editorial y algunos amigos, y por fin, las publiqué. Y estoy muy contenta de haberlo hecho.

Ese esfuerzo por redactarlas, ¿tiene algo que ver con la sinceridad que transmiten?. Algunos pasajes de tu matrimonio o las críticas hacia Miguel Delibes o Rosa Montero, con nombres y apellidos, cosa que no se estila mucho en este tipo de libro, descarta que practicaras cualquier tipo de autocensura.
Las escribí sintiéndome libre y queriendo ser libre. Me pareció que tenía que contar las cosas y más que hablar de autocensura, yo diría que hubo, por mi parte, una elección de lo que tenía contar. No he contado mi vida íntegramente, pero sí lo más fundamental. Y respecto a la sinceridad, pensé que o contaba las cosas cómo habían sido o no las contaba. No valía la pena engañarme a mi misma ni engañar a los lectores.

Esa sinceridad te lleva a relatar escenas de tu matrimonio que llegan a resultar escalofriantes. ¿No pensaste, ni siquiera en ese momento, por tus hijos, censurarte?
Pensando en mis hijos hay muchas cosas que no he contado. Y pensando en los demás también. Yo he procurado hablar de otros, pero en lo que han tenido que ver conmigo. No contar cosas que yo supiera de ellos y que podrían resultar llamativas para el lector y que pudieran ayudar a la venta del libro. Quería hacer un libro muy honesto y no perjudicar a nadie. Lo que cuento de Delibes (el escritor era primo de su suegro y rompió cualquier tipo de relación con Lolo Rico cuando ella decidió separarse de su marido y quedarse con los siete hijos que tenían) es que marca con mucha claridad las cosas en aquel momento. Hasta los intelectuales de gran valía como es Miguel, se dejaban llevar por un entorno conservador y convencional, sin haber preguntado siquiera. Y así funcionaba la sociedad de entonces, cuando una mujer quería tomar una decisión por ella misma.

Una de las decisiones que tomas, durante tu matrimonio y con la oposición de tu marido, es trabajar. Casualmente tu casa está situada enfrente de los estudios del Paseo de la Habana de TVE y así empieza una relación laboral que se prolongó muchos años.
Hoy puede parecer absurdo, e incluso ridículo que la proximidad del lugar de trabajo fuera determinante, pero la curiosidad por aquel medio, que yo tenía en el patio de enfrente de mi casa, me animó a enviar mis colaboraciones y así empezó todo.

Sin embargo tu relación con los medios de comunicación se inició muchos antes, cuando con veinte años fuiste portada de algunas revistas.
Hace poco mi hermana me preguntaba porque no había hablado más de ello en el libro. Pero es que me pareció que tenía poca importancia. No me marcó para nada. Yo nunca fui consciente de que era guapa. Lo he sido ahora viendo fotos de entonces. Sí recuerdo una foto de la revista Semana que me encantaría encontrar, pero imagino que será imposible.

Hablando de cosas imposibles, durante todo el libro se nota cierta desilusión por no haber sido directora de cine.
Me hubiera encantado. Creo que hubiera sido capaz de hacer algo y hacerlo bien. Porque si hay algo que sé hacer y que creo que lo hago bien, es el trabajo con la imagen. Me hubiera gustado hacer, al menos, una película. Era mi sueño. Pero si no lo he intentado antes, ahora ya... Tampoco tuve nunca ninguna propuesta. Nadie me dio esa oportunidad. Es una de mis asignaturas pendientes, pero ya suspendida porque se me ha pasado el tiempo.

Sí que te prodigaste en el mundo literario, tanto como escritora como editora (Bruguera). En el libro hablas y trazas, involuntariamente, retratos de García Márquez, Rosa Chacel, Carlos Barral,... Pero hay otras figuras sobre las que pasas de puntillas como es el caso de Gloria Fuertes.
La verdad es que tenía que haber hablado más de ella porque tuvimos una relación muy muy cordial. A mí me gustaba dar fiestas en casa, traer a amigos, ... no hice muchas fiestas, pero sí hice cuatro o cinco importantes. En una de ellas, alguien trajo a Gloria Fuertes. Recuerdo que me leyó la mano. Es algo que no sé si la gente sabe, que a Gloria le gustaba mucho leer las manos. No recuerdo lo que me dijo, pero era tan bondadosa y amable, que seguro que me leyó algo bueno.
Nos veíamos con frecuencia, en su casa o en la mía, con más amigos. Trabajó en La cometa blanca conmigo y creo que alguna vez fue a La bola de cristal. Gloria era muy particular y muy peculiar. Le tomé mucho afecto. No me gustaban sus poemas infantiles, no me entusiasmaban. No es que me parecieran malos, pero no entusiasmaban. Pero, sin embargo, sus poemas de adultos eran realmente buenos.



También hablas poco en el libro de La Cometa Blanca.
Fue un ensayo para La bola de cristal. Yo no creé La cometa blanca. Me llamaron cuando llevaban varios meses y no estaban contentos con el resultado. Me dieron la oportunidad de hacerla a mi manera. Yo llevaba un tiempo pensando que no me convencían los programas infantiles, trataban a los niños de una manera que no me gustaba. Eran aburridos. Quise probar mis ideas y mis teorías y resultó ser un ensayo para La bola de cristal.

La cometa blanca marca el prólogo de La bola de cristal y un sketch sobre los colegios privados supone su epílogo. Resulta curioso que cancelen el programa por un gag, supuestamente atrevido, y lo siguiente que te ofrezcan sea la versión española de los Spitting Images, que era un programa muy irreverente.
Yo creo que no sabían ni lo que era. Nos lo ofrecen por salir del apuro de acabar con La bola de cristal y aceptamos, pero no nos da tiempo a hacer más que los muñecos y una prueba de sonido en la que salía Rocio Jurado cantando una canción. Nos lo censuran sin que sepamos porqué y sale entonces Luis Solana (entonces director general de RTVE) y dice en el Congreso: "Si supieran sus señorías las cosas que había hecho Lolo Rico en el programa sobre los líderes políticos y espirituales...". Y eso fue portada en algún periódico. Y ni siquiera habíamos hecho el programa. Yo creo que se equivocó y vio un capítulo que se emitió aquí de la serie inglesa original y tuvieron miedo de no poderlo controlar todo.

Esa paradoja de requerir tus servicios para un trabajo concreto y luego obstaculizar tu labor, se repite después con otros directores como Ramón Colom (PSOE) y Martínez Durbán (PP).
Sí, pero la realidad es que hubo una gran diferencia entre Colom y Durbán. Durbán nunca me censuró. Me encargó una cosa (tres documentales sobre personajes de ficción, el primero de ellos la protagonista de Historia de una maestra de Josefina Aldecoa) y luego se sorprendió de que fuera tan de izquierdas. Es cierto que hubiera bastado que se hubiera leído el libro porque no hicimos nada que no se reflejara en el libro de Josefina Aldecoa. Pero siempre actuó con caballerosidad, con cordialidad, fue todo lo contrario que Ramón Colom. Con él fue todo negativo. No comprendo porqué y tampoco me he parado a intentar entenderlo porque no me interesa. Me nombró para llevar los programas infantiles y juveniles, un poco cubriéndose las espaldas. Si salía bien y yo sacaba otra Bola de cristal estupendo. Si no salía nada, se cubría las espaldas porque había elegido, se suponía, a la gente mejor preparada. Pero el problema fue que no me dejaron hacer nada.

Una práctica muy habitual por parte de los responsables televisivos de no dejar trabajar a los que saben. Tu caso además es excepcional. Yo, al menos, no conozco otro profesional que no estuviera delante de la pantalla y cuyo nombre todos reconozcan. No es muy habitual que los espectadores sepan el nombre del director de un programa.
Es muy sorprendente. No creía que yo, personalmente, hubiera dejado tan buen recuerdo. Se hizo en Sevilla un seminario monográfico sobre La bola de cristal y cuando entré en la sala de la Universidad de Sevilla y me encontré a un grupo de jóvenes cantando la canción de La bola de cristal y gritando "¡Lolo Rico, Lolo Rico!", creía que estaba soñando. No entendía que yo pudiera generar eso. Hoy en día me sigue asombrando cuando alguien me reconoce por la calle. Me asombra y me gratifica. Y me intimida. Me siento muy tímida, porque creo que no me lo merezco y me piden algo que no les voy a poder dar. Me siento muy responsable, pero no de cara al pasado, sino de cara al futuro. Lo que puedo escribir, lo que puedo hacer... que no les decepcione.