jueves, 8 de abril de 2010

Hola a Todo el Mundo.

Lo mejor que se le puede decir a un grupo es que es atemporal. Y Hola a Todo el Mundo lo son. Su disco tiene la difícil virtud de sonar a todos esos discos que uno le tomaba prestado a su hermano mayor y al mismo tiempo a aquellos que luego ha ido descubriendo por sí mismo. Lo fácil es reducirlo a la simpleza de que son una banda hippy que mezcla el lado folk de Devendra Banhart con la locuacidad envolvente de Arcade Fire. Pero eso sería tan injusto como asegurar que Messi es sólo un delantero que mete muchos goles.

El disco de debut de estos madrileños desplega tal menú de sugerencias, ambientes, detalles, guiños, melodías y sensaciones que cualquier adjetivo se le queda pequeño. Sí, Hola a Todo el Mundo practican folk, pero también pop, tienen arrebatos rock e incluso country. Entonces, ¿por qué no resumirlo de la mejor manera posible y decir que Hola a Todo el Mundo hace canciones, muy buenas canciones?
Unas canciones que parecen no tener prisa, que transcurren sin rotundos cambios y a las que se van sumando, como invitados elegantes, los instrumentos. Escuchar a Hola a Todo el Mundo es como sentarse delante de una pantalla presto a dejarse seducir por colores, imágenes y sonidos. Como dejarse envolver por una ensoñación que sabes que ahuyentará las pesadillas. Como degustar un agradable manjar mientras juegas a intentar descubrir sus ingredientes. Como si (poned vosotros los nombres que más os gusten) Marc Bolan, Architecture in Helsinki, Belle & Sebastian, The Byrds, o aquellos indios que se hacían llamar XIT, se intercambiaran partituras en pos de la canción perfecta y la titularan "A movement between these two" o "Current road".