miércoles, 9 de junio de 2010

El refrescante sabor de Amanida Peiot.

 
Cuesta mucho esfuerzo, al hablar del debut de Amanida Peiot, evitar caer en el tópico que proporciona que parte del nombre del grupo signifique Ensalada. Sin embargo, no creo que la elección del mismo sea casual. Como tampoco lo es esa estupenda portada que valdría por si sola para definir el sonido de un disco brillantemente mediterráneo, de refrescantes melodías y ritmos, y con ese tipo de locura sana que Sisa y Pau Riba acuñaron.

El disco de Amanida Peiot (editado por LaCasaCalba) es una invitación a la vida. A disfrutarla. A exprimir los pequeños detalles, los placeres cotidianos.Y eso se palpa desde el arrebatador inicio que conforman sus dos primeros temas. "Els terrat de la primavera" debería convertirse en el himno de todas las sobremesas con amigos, comida, vino y la sombra de algún árbol que cobije risas y conversaciones. "Boja com jo" (adaptación del poeta Martí i Pol) tiene la extraña e impulsiva virtud de necesitar oirla en un pasacalle como si Amanida Peiot fuera una animosa brass band.

Pero sería injusto quedarse sólo en la entrada, cuando todo el disco está salpicado de momentos peligrosamente adherentes. Basculando entre canciones más alegres y otras con cierto resquemor melancólico, el álbum avanza ecléctico, pero fiel a su filosofia jovial. Mención aparte merece "El sacrifici de Piper Laurie", tanto por lo fascinante que tiene la historia que hay detrás, como por lo definitorio del espíritu Amanida. 
Se cierra el viaje con "Màgic Tour", donde cantan "Hoy me siento con fuerzas de comerme el mundo, pero de momento haré una paradita en el bar de la esquina". Así son, los más grandes de las cosas pequeñas.