lunes, 11 de enero de 2010

El Woody Allen de la música.


Con Adam Green pasa lo mismo que con Woody Allen. Fiel a la cita con su público (en el caso del músico cada dos años, en el del director cada 365 días), siempre entrega un trabajo fácil de identificar y que nunca decepciona. Y, tal vez, por ello, no se le da la importancia que tiene. Nos ha mal acostumbrado.

Recuerdo que mi primer contacto con Green fue cuando aún era el 50 % de aquella delicia surrealista que respondía al nombre de The Moldy Peaches. Creo que fue el RDL quién incluyo su "Jorge Regula" en un cd que acompañaba la revista. Esa misma semana me hice con todo el material que encontré del grupo e incluso, tiempo después, compré un, difícil de digerir, álbum de rarezas. Rota la alianza con Kimya Dawson, empezó a firmar sus trabajos con su nombre y apellido y a construir su intachable carrera como crooner torpón y devoto de las melodías.

"Minor love" es su último disco y en él vuelve a regalarnos la misma receta. Pero ¡¡¡ qué receta!!!. Desde los standards más clásicos ("Breaking locks") a los aires country con más raíces ("Born inside"); pasando por un autohomenaje en el inicio de "Cigarette burns forever"; unas gotas del Lou Reed más neoyorkino ("What makes him act so bad"); o un recuerdo a su pasado no folk ("Oh shucks"); las catorce canciones del disco te pueden condenar a vivir en un bendito bucle y no escuchar otra cosa en toda la tarde.

Bendito sea Adam Green y benditas sea su facilidad para hacer canciones. No, no ha inventado nada, pero sus composiciones son disparos directos al corazón, ideales para vivir en ellas cuando uno cierra los ojos. Y al fin y al cabo esa es la magia de la música, ¿no?.

Y que tarde muchos años en grabar su "Vicky Cristina Barcelona".