lunes, 18 de enero de 2010

"Una novela natural" de Gueorgui Gospodínov (Saymon Ediciones)


Nada más acabar de leer "Una novela natural" de Gueorgui Gospodínov, tenía la necesidad de dar las gracias. No sabía bien si al propio escritor por su obra o a la editorial Saymon por haber publicado el libro, en España, diez años después de su primera edición en Bulgaria. Como soy un ser de impulsos, esa necesidad se fue calmando y apareció otra menos incontrolable. Mentalmente me puse a recordar los mejores momentos del volumen. Así se fueron sucediendo el hombre al que le encantaba tirarse eructos o aquel compañero de clase del narrador que se negaba a ingresar en la organización de jóvenes comunistas. Después, abandoné ese entretenimiento y decidí hacer una lista con las razones por las que me había gustado la novela. Aquí la tenéis. 5 razones por las que merece la pena leer "Una novela natural":

1.- Gospodínov escribe muy bien. Que nadie se deje engañar por el carácter experimental que puede parecer que adquiere en algunos tramos la narración. El autor maneja el lenguaje como un mago la baraja y poco importa que nos esté entregando una historia del retrete, algunas reflexiones sobre Linneo o retrate como era su vida marital en casa de sus suegros.

2.- Gospodínov es un estupendo cuentista. Aunque la novela tiene un hilo central en torno a la que se desarrolla (más o menos) lo demás: el divorcio del protagonista al enterarse que su mujer se ha quedado embarazada de su mejor amigo; las páginas del libro están llenas de fantásticas microhistorias que caminan paralelamente (a veces, en perpendicular) al argumento principal. Pequeños cuentos que podrían aislarse del resto y al volverlos a juntar crear una especie de antología del escritor búlgaro.

3.- Gospodínov sabe construir personajes atractivos. No descubro nada si repito aquí que me vuelven loco los personajes. Así, en líneas generales. Lo sean de un libro, de una serie o de una película. Es una de las cosas que más valoro en una ficción. En "Una novela natural" los hay variados y bien definidos. A veces basta con un par de líneas; otras van apareciendo y desapareciendo a lo largo de la narración. Pero también los hay que sólo merecen unos segundos de atención en el libro (como la hija del subdirector del colegio que se fugó a Italia), pero consiguen que el lector invente su vida mentalmente. Y eso tiene mucho mérito y no es casualidad.

4.- Un trabajo de traducción impecable. Neva Mícheba y Juan Manuel Rodríguez Tobal han hecho una labor completísima. No se han limitado, sólo, a transcribir al castellano la novela, sino que se han preocupado en que el lector tuviera las herramientas necesarias para entender cualquier localismo de la realidad búlgara. Las numerosas notas de página con sus respectivas explicaciones se han convertido para mí, en muchos casos, en pequeños puntos de partida hacía una mayor profundización. El actor Gojko Mitic es el primero de esa lista.

5.- Las referencias que aparecen y las que sugieren. Una novela que cite, como la de Gospodínov, a los Kinks  o al Mundial de fútbol de 1978 (que encumbró a uno de mis ídolos, el argentino Mario Alberto Kempes) ya justifica por ello su adquisición y lectura. Pero además, están los paralelismos que cada uno va tejiendo a medida que pasa las páginas. En mi caso ha sido con el libro "Cómo ser buenos" de Nick Hornby. Ambos tratan el tema del divorcio. Ambos empiezan de manera directa: Gospodínov con "Nos estamos separando" y el escritor británico con "Estoy en un aparcamiento de Leeds cuando le digo a mi marido que no quiero seguir casada con él". Pero ahi se acaban los símiles. Sin embargo, ha estado presente todo el volumen. Debe ser eso que llaman la magia de la literatura.